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La boda al cielo.

El gallo quirico.

El viejo grajo.

La zorra y las uvas

La zorra de la Magara y el lobo de la Praderas

Juanillo el de la porra

La boda la cielo.

 

En tiempos antiguos y de mucha penuria andaba una zorra cerca de los cortijos buscando algo que poder comer. Tanta hambre tenía que estaba dispuesta a comerse hasta las piedras. En el filo de una ventana de un cortijo vio a un grajo  comiendo algo de un vaso.

A la zorra se le hizo  la boca agua nada más ver al grajo.  Comenzó a dar vueltas alrededor de él mirándolo de reojo y pensando como comérselo y lo que había dentro del vaso también. Pero el pájaro que era muy listo, ve sus intenciones y programa un plan malvado: le propondrá llevarla a una boda al cielo. Dicho y echo así que la llamó:

- Comadre zorra ¿quiere usted venir a una boda al cielo?

 - ¿ A una boda al cielo?

  - Sí, es que estoy invitado y puedo llevar a alguien.

  - Pero compadre grajo yo no sé volar. ¿ Cómo iré al cielo?

 - No se preocupe que yo la llevo.

  - ¿y cómo?

 - Pues se sube encima de mí y vamos volando.

  - ¿Pero... eso es seguro?

 La zorra no se fía del grajo  pero el hambre es más fuerte que el miedo. Veía la  zorra un gran banquete con deliciosos majares y se le caía la baba.

- Que sí, es seguro, venga vamos que no lleguemos tarde.

Sin pensarlo más nuestra hambrienta zorra se sube encima del grajo y este levanta el vuelo.

Volando van y la zorra le pregunta si tardarán mucho en llegar. El grajo le pide paciencia.

Al poco le pregunta a la zorra como va y si ve la tierra.

 

- voy bien y la tierra la veo, pequeña pero la veo. ¿Cuándo llegamos?

- Falta poco no se preocupe.

 

Al rato de esta conversación el grao le dice a la zorra:

- ¿Ves la tierra?

- No,  no la veo.

- Pues hemos llegado, ¡Preparese!

 - ¿Cómo que hemos llegado? Si yo no veo ni novios, ni banquete ni la tierra...

 - Pues yo le digo que hemos llegado.

 

El grajo se revolvió y la zorra se fue al vacío. Se le quitó el hambre y se le olvidó la boda con tanto miedo.  Que velocidad llevaba.  La tierra cada vez más y más cerca. De pronto vio un enorme peñón sobre el que iba a caer sin remedio y se iba a matar y entonces empezó a gritar:

- ¡Huye peñón, que te parto!

- ¡Huye peñón, que te parto!

 

Pero al ver que el peñón no se movía pensó: Si de esta me libro y no muero, no quiero más bodas al cielo.

Por José Morales Oloriz

 

 

 

El gallo quirico

 

Este es el cuento del gallo Quirico que fue a la boda de su tío Perico muy arregladito y muy peinaico. Por el camino se encontró un montón de estiércol donde estaba gusanito. El gallo Quirico que tenia mucha hambre pensó: si pico me llenare el pico. Pico o no pico... , pico o no pico... y picó y el pico se lo llenó.

Siguió andando y andando hasta que se encontró con la malva y le dijo:

- No, no quiero.

 

Y el gallo Quirico siguió andando y andando hasta que se encontró a la cabra y le dijo:

 

- Cabra comete a la malva que no ha querido limpiarme el pico que voy a la boda de mi tío Perico muy arreglaito y muy peinaico.

 

La cabra le contestó:

         - No, no quiero.

 

Y el gallo Quirico siguió su camino hasta que se encontró con un palo y le dijo:

-  Palo pégale a la cabra que no se ha querido comer a la malva que la malva no me ha querido limpiar el pico para ir a la boda de mi tío Perico.

-  No, no quiero – contestó el Palo.

 

Y gallo Quirico siguió andando hasta que se encontró con el fuego y le dijo:

-  Fuego quema al Palo que no ha querido pegarle a la cabra, que la cabra no se ha querido comer a la malva, que la malva no me ha querido limpiar el pico para ir a la boda de mi tío Perico.

-  No quiero, respondió el Fuego.

 

Y gallo Quirico siguió andando y andando hasta que se encontró con el Agua y le dijo:

- Agua apaga al Fuego que no ha querido quemar al Palo, que el Palo no ha querido pegarle a la cabra, que la Cabra no ha querido comerse a la malva, que la malva no me ha querido limpiarme el pico para ir a la boda de mi tío perico.

- No quiero – dijo el agua.

 

Y el gallo Quirico siguió andando, andando, andando... hasta que se encontró con el Sol y le dijo:

        - Sol evapora el agua que no ha querido apagar al fuego, que el fuego no ha querido quemar al palo, que el palo no ha querido pegar a la cabra, que la cabra no se ha querido comerse a la malva, que la malva no me ha querido limpiar el pico para ir a la boda de mi tío Perico.

        -  Esta bien amigo gallo, hoy te voy ha hacer este favor ya que tu me saludas muy temprano todas las mañanas con mucha alegría.

 

Entonces el agua dijo:

        - Está bien apagaré el fuego                          

 

Y el fuego dijo:

- ¡No, que yo quemaré al Palo!

 

El palo dijo:

        - ¡ No, que yo pegaré a la cabra!

 

Y la cabra dijo:

¡No, que yo me comeré a la malva!

 

Y la malva dijo:

- ¡ No, que yo le limpiaré el pico! Y se lo limpió.

Y así el gallo Quirico se fue a la boda del tío Perico muy arregladito y muy peinaico. Pero cuando llegó no quedaba triguito, y este es el castigo que recibió por comerse a gusanito, que era lo prohibido.

 

 

Por Francisco Javier  Haro Fernandez

 

 

 

El viejo grajo

 

Antiguamente habitaban por estos parajes grajos, aves de color negro y muy inteligentes. Por aquella época había un grajo bastante viejo ya, estaba medio desplumado y apenas podía volar. Buscar la comida para su sustento le era casi imposible. Para no morir  pensó introducirse en un nido de su especie y expulsar al polluelo que había allí. Y así lo hizo, vio un nido, echó al polluelo que había y se introdujo él.

 

La pareja de grajos que no se habían percatado del cambio eran un ir y venir alimentando al viejo grajo. Pero llegó el tiempo en que la comida  en el campo se estaba agotando. La pareja de grajos estaba muy preocupada por que no sabían que hacer para seguir alimentando a su hijo.

 

El viejo grajo que conocía todos los rincones de la comarca les dijo:

- Id al olivar de Cuaco (que eran los olivos más corpulentos, casi imposibles de avarear) que allí queda todavía aceituna.

 

La pareja de grajos muy sorprendidos por estas palabras, ya se dieron cuenta de que no era su hijo:

- ¡ ah granuja, pillastre, que tú no eres ningún polluelo, eres un viejo tunante, fuera de aquí !

 

Fuente: Alfredo Augustín Ortiz

 

   

 

La zorra que se comía las uvas de la viña.

 

Un labrador tenia una viña y se dio cuenta de que las uvas iban mermando por las alimaña que de noche iban a comérselas. Decidió hacechar  a la zorra con una escopeta y dale un escarmiento.

 

La noche era de tormenta, con muchos relámpagos y en uno de ellos vio el cazador a la zorra tunante y le arreó un tiro. La zorra se llevó un gran susto y le dijo a los relámpagos:

*     Alumbrad, pero no tanto.

 

En otra ocasión se metió la zorra en un parral donde estaban las uvas muy maduras pero estaban tan altas que no alcanzaba a cogerlas y dijo la muy astuta:

*     ¡ eh para que me voy a molestar si están verdes !

 

Siempre se ha dicho eres más astuto que un zorro.

 

 Por Alfredo Augustín Ortiz